Los informes de seguimiento de la Red de Parques Nacionales del estado fitosanitario de las masas forestales, de especies indicadoras de Cambio Climático, y de fenología de las especies forestales, recientemente publicados por el Organismo Autónomo Parques Nacionales (OAPN), revelan una situación que nos hace estar vigilantes, siendo el estrés ambiental la principal presión a la que están sometidos sus bosques.
En 2024, debido a una mejora en las precipitaciones, la defoliación media disminuyó ligeramente respecto del año anterior, alcanzando un valor del 26,2% (clase de defoliación moderada-baja), que representa el segundo dato más elevado de toda la serie 1992-2024, justo por detrás del máximo que se dio en 2023 (26,8%). La situación más desfavorable se encuentra en la región mediterránea y en la macaronésica.
Las especies que se encuentran en peor estado son la eurosiberiana acebo (Ilex aquifolium), especies mediterráneas como pino piñonero y sabina (Juniperus phoenicea), y las macaronésicas brezo (Erica arborea) y retama del Teide (Spartocytisus supranubius) que sufre un decaimiento multifactorial sin precedentes – estas dos últimas especies empeoran respecto al año anterior. Además, el pino canario y el madroño, aunque mejoran, su situación sigue siendo insatisfactoria.
Fenológicamente, se observan adelantos significativos en todas las fases fenológicas, principalmente en las iniciales (aparición de hoja y floración) afectando a todas la especies. También se registra la precocidad general de la decoloración y caída de las hojas, si bien esta situación apenas afecta a los Quercus.
Para terminar, aunque las lluvias de 2024 aportaron cierta mejoría, la recuperación es insuficiente. La resiliencia de los bosques depende cada vez más de una gestión adaptativa que considere la creciente frecuencia de eventos extremos y la presión de patógenos oportunistas.