Cada otoño, miles de juveniles de pardela cenicienta atlántica (Calonectris borealis) abandonan sus colonias para alcanzar el océano. Desde los barrancos del interior, muchos deben atravesar una costa intensamente transformada por el desarrollo urbanístico y turístico, donde la contaminación lumínica los desorienta y provoca su caída. El suroeste de Tenerife concentra el 72 % de los ejemplares accidentados. Según las condiciones de cada año, se recogen entre 2.500 y 3.400 pardelas en la isla.
A lo largo de 28 campañas se han rescatado casi 44.000 pollos. El Cabildo de Tenerife, desde el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre La Tahonilla, coordina este esfuerzo colectivo, que reúne a profesionales, administraciones, servicios de emergencia, asociaciones, voluntariado y ciudadanía para recoger, evaluar y devolver las aves al mar.
El rescate debe acompañarse de prevención. Los ayuntamientos costeros tienen un papel fundamental: reducir, apagar y reorientar el alumbrado innecesario, especialmente durante las noches de salida de los juveniles, desde finales de octubre y durante el mes de noviembre. Proteger la oscuridad nocturna es conservar la biodiversidad. Cada pardela recuperada tiene una nueva oportunidad de recorrer el Atlántico y regresar, años después, a reproducirse en Tenerife.